Sentir, sentirás. A veces tristeza, a veces ira y toda la gama de emociones/sentimientos que caben en el repertorio humano. El sentir es espontáneo.
Pero pensar, ya es otro tema. Sobre lo que pienso soy más capaz de ejercer autoridad.
Leemos en cualquier lugar que el pensamiento es poderoso. Lo vemos tanto que ya lo creemos pero sin pensar sobre ello.
Y es poderoso porque sobre lo que pienso es que actúo. Y si no me hago responsable de mis pensamientos, analítico de ellos, si no los evalúo, puedo acabar haciendo -precisamente- lo más perjudicial, malo especialmente para mí misma.
La emoción jala al pensamiento, pero es el pensamiento el que jala la acción.
¡Hay que cuidarlo! No nos llenemos de pensamientos tristes, de mal, resentidos, indignos,... porque así actuaremos.