domingo, 11 de abril de 2010

NO HAY MALDAD PEQUEÑA.

Acostumbramos consolarnos pensando que algo malo hecho por nosotros no es importante por no ser muy grande.
Pero  -a decir verdad-  no hay maldad pequeña.  La maldad  lo es y punto.  Porque la maldad es personal, implica una voluntad, un querer.  Y quien hace hoy una maldad "pequeña", mañana ¿qué hará?, ¿qué intenciones tendrá?

Creo que el error surge porque sí podría hacerse diferencia entre maldad y mal.
Un mal puede ser menor o mayor. No es lo mismo caer y darse un golpe que caer y hacerse una herida, o caer y romperse dos huesos, o caer y morir.
El mal es impersonal aunque le ocurra a las personas.
La maldad siempre es personal y  -por tanto-  siempre grande.  Así de importantes somos las personas.

No hay comentarios: