En la actualidad esta palabra -si pudiera hacerlo- sin duda se quejaría de maltrato. Lo "práctico" siempre fue algo loable. Era lo que se podía ejecutar con facilidad, era lo que superaba lo teórico, era lo útil y ajustado a la realidad. Era tener destreza, adquirida con la constancia. Era lo que tenía la condición de ser aplicable a la vida. Hoy, para muchos si no todos, lo "práctico" es lo que conviene a la falta de ética. Ser una persona práctica ha pasado a ser algo así como ser un amoral o un inmoral. Alguien que actúa sin pensar en el bien o que actúa contra la moral y las buenas costumbres.
Casi cada ser humano se considera "norma y medida" con las cuales comparar a sus congéneres. De este modo, el diferente a mí suele ser considerado como menos, como fallado o deficitario. Tal vez habrá algún ser humano que pueda ser visto así, como modelo; pero no serán muchos casos. Los diferentes no necesariamente serán deficientes en relación a quien los juzga desde su propia óptica. Hay diferencias y diferencias. Unas son para mejor, otras para peor y la mayoría son solo asunto de estilos, gustos o condiciones propias de cada mente, cada temperamento, cada vida.
Así que, generalizar que lo diferente es deficiente es todo un error.
Puede ser todo lo contrario, quizá el diferente a nosotros sea mucho mejor que nosotros.
¡Según y conforme! Aunque los humanos tratamos de actuar a nuestro placer, no siempre es posible -ni saludable- hacerlo. El placer implica bienestar. Actuamos tratando de mantener o aumentar nuestro bienestar. Es lo justo. Pero deja de serlo cuando nos dañamos o dañamos a los demás. Como humanos, una condición para serlo es ser seres éticos, que no piensan sólo en sí y sus caprichos. La ética le parece a muchos algo extraño o difícil. Y no lo es. No se requiere de altas capacidades intelectuales para entender la regla de oro del Evangelio : Trata como quieres ser tratado. Hasta los niños pequeños lo entienden. Hacer lo que nos place + falta de ética, es la ruina moral, personal y social. Actuando así, buscando lo que place/conviene, se autodestruye uno, miente, roba, daña, odia, se es infiel, mata, se vive la sexualidad como instinto animal, se es irresponsable, se vive a la deriva. Una gran base para tener ética es tener Dios, saber que nos ama y conoce, tratar de vivir en su presencia. Te lo deseo.
A cualquier persona le gusta ser flexible y rechaza el ser voluble. En palabras, puede ser. Pero en los hechos de la vida diaria, una gran cantidad de "flexibles" no pasan de ser unos "volubles". Flexible es quien es capaz de variar sus ideas, sus costumbres, sus gustos, para adaptarse a las circunstancias y a las consideraciones que el caso pueda necesitar. Pero se mueve dentro de márgenes que considera los justos y beneficiosos para todos. Tiene como un esquema de lo que es posible y aceptable. Voluble es quien es capaz de variar, pero no para adaptarse a las consideraciones que el caso necesite, sino porque no sabe qué hace, qué quiere, qué rumbo es el correcto. No es predecible, no tiene una conducta que se regula por principios o ciertos límites, sino va a la deriva del momento, según le apetezca o según lo lleven los demás. Un padre o un maestro flexible es muy formativo. Un padre o un maestro voluble es un sembrador de caos.
Se supone que en el mundo se dialoga mucho y a todo nivel. Dialogan las familias, los sindicatos, los gobiernos. Pero, por lo general, los frutos del diálogo son escasos o nulos. Así, "dialogar" ha pasado a ser una palabra deslucida y sin sentido. ¿Por qué? ¿Acaso porque el diálogo no sirve? ¡No!, es porque los supuestos dialogantes carecen de los mínimos requisitos para el diálogo. Los enumero : 1. Carecen de la sensibilidad necesaria para captar el fondo moral de un conflicto. 2. No se conocen ni a sí mismos. Se creen honestos siendo deshonestos, desinteresados siendo mezquinos, o ... La lista sería larga. 3. Les interesan un bledo las necesidades y derechos del otro dialogante. 4. Carecen de la nobleza de querer cooperar hablando claro, sincera y respetuosamente. 5. No les importa la verdad, ni lo justo, ni la lógica. 6. Carecen de suficiente calidad humana para portarse como seres humanos ecuánimes, prudentes, reflexivos, dignos de confianza. 7. No han aprendido a buscar soluciones a los conflictos, no saben ver alternativas posibles. Sólo ven su capricho o su conveniencia. 8. No conocen lo que es la responsabilidad personal y, menos, la social. No están dispuestos a hacer ningún esfuerzo porque ambas partes vean una solución. Dialogar ¿así? ¡¡¡ Imposible !!!
Todos los días escucho a alguien diciendo que para tener paz se necesita del perdón. Creo, sinceramente, que con esa prédica nunca conseguiremos paz. ¿Por qué? Porque pedir que unos perdonen para que haya paz es una verdad a medias. No pienso que la paz venga del perdón. Tal vez sí esa paz interior, esa de la que gozan las personas que viven en plenitud de santidad. La paz de quien es capaz de regalar perdón aún a quien daña y quiere seguir dañando. Pero no la paz social, ni la paz interpersonal, ni la paz mundial. Pienso que la paz viene de la justicia, esa justicia que hace que el que hirió o dañó se arrepienta, se rectifique y -después- pida ser perdonado. Sólo en esas circunstancias la paz podrá ser el resultado del perdón. Del perdón al que rectificó y solicita ser perdonado. ¿Tal vez es pedir mucho? ¡Pues nunca habrá paz en el mundo, no paz digna, no paz real!
"La ideología de género hace desaparecer la natural complementariedad de los sexos, la
reduce a un factor cultural, niega que el hombre recibe su identidad de Dios y,
en este sentido, niega la obra de Dios, convirtiéndose en una antropología sin
Dios".
Alguna vez comenté que la ayuda necesita ser entendida como ayudar a otro para que sea mejor, para que mejore en cualquier aspecto de su persona, su conducta, su vida. Sin embargo, lo común es ver que quien quiere ayudar lo hace anulando al ayudado. Lo aniquila, lo inhabilita; cuando el objetivo final sería totalmente lo contrario. Y ocurre tanto en lo gubernamental como en lo personal. No obstante, casi estaría segura de que realmente se quería ayudar. No se ayuda cuando "se hace por otro". Ni cuando "se exonera al otro de su responsabilidad". Ni cuando "se le impide al otro aprender a valerse por sí mismo". Ni cuando se le dice o se le da a entender "tú no puedes, yo sí". Nada que cree dependencia o inutilidad puede ser considerado "ayudar". Aunque el "ayudador" se sienta feliz, orgulloso, bondadoso o beneficiado en tiempo o seguridad.
Existirá algún caso en que la ayuda sea "hacer por otro", como cuando se le hace un encargo a un enfermo postrado. Pero esa situación no se puede generalizar.
Caridad : virtud teologal cristiana, amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. Lenidad : blandura en exigir el cumplimiento de los deberes o en castigar las faltas. En verdad, esta confusión es una de las que más me molesta. Porque sus alcances son graves, no sólo en la vida común sino en la vida de fe (aunque no debiera haber diferencia entre las dos). Creo que a falta de ser auténticos nos hemos desorientado. Nos interesa tanto el "parecer" que nos hemos olvidado de "ser" De este modo, por parecer caritativas, las personas aparentan caridad, dulzura, blandura, ... , hasta ser la antítesis de la caridad verdadera. Esa caridad real, que no se tapa los oídos, ni los ojos, ni la boca, para pedir o exigir lo correcto y para corregir lo corregible. Queriendo mostrar formas caritativas nos hemos hundido en la lenidad, que está acabando con los individuos, con las familias y con la sociedad.
Total, es más fácil ser un indolente y creerse caritativo.
Soy Psicóloga Profesional y Bachiller en Letras y Humanidades.
Me gradué en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Con amplia experiencia laboral en orientación, consejo y asesoría psicológicas.
Máster Profesional en Asesoramiento,Evaluación e Intervención Psicoeducativa, en Problemas de Conducta y Dificultades de Aprendizaje.
Diplomada en Terapia de Juego.
Especializada en Administración de Personal y Relaciones Laborales (ESAN).
Especialista en el Perú del Grupo ALBOR-COHS de España en el diagnóstico y tratamiento de trastornos por déficit de atención.
He sido profesora en la Pontificia Universidad Católica del Perú, Programa de Psicología.
Con amplia experiencia en comunicación radial: producción y conducción.