"Un corazón prudente sabe a quién debe cuidar y de quién debe cuidarse".
Martha Sialer
Hablando corto y claro, Compartir ideas. SHORT and CLEAR. COURT et CLAIR.
"Un corazón prudente sabe a quién debe cuidar y de quién debe cuidarse".
Martha Sialer
"Equivocarse es lamentable. Defender la equivocación es ridículo".
Martha Sialer
VER : He 9, 1-18
También nosotros podemos ir por el camino de Damasco. Vamos con planes definidos, vamos con intenciones claras, vamos a alcanzar algo. Nos sentimos con valor, con interés, decididos y motivados.
Pero todo eso, como en el caso de San Pablo, puede estar bien definido pero mal orientado. Y, con mucha "suerte"-gracia, puede ocurrirnos lo que le sucedió a San Pablo.
Podemos, literalmente, vernos por tierra. Con planes cortados, con decisiones interrumpidas, con temor, desorientados, aturdidos como cegados. Y entonces ¿qué hacer? Gracia-"suerte" no va a faltarnos si la rogamos. El tema es ¿qué quiero hacer yo?, ¿voy a quedarme aturdido por el golpe?, ¿voy a tratar de entender más allá de lo aparente?, ¿voy a seguir el mejor camino o voy a insistir en el peor?
¿En qué quiero creer?, ¿en qué me voy a apoyar?, ¿me dejaré dominar por la costumbre o lo que otros crean?
Decidiré si volver a la fe o si seguir desorientado esperando encontrar un norte, que no encontraré. Convertirme o no. No es poco lo que va en juego.
Nos gusta hablar de él. Nos hace sentir bien y es bueno reconocer que los seres humanos somos criaturas pero dotadas de muchas posibilidades, de lo cual podemos sentirnos felices y hasta orgullosos y esperanzados.
Pero todo lo humano tiene un límite. Nos guste o no reconocerlo. Algunos lo vemos, lo entendemos y lo aceptamos. Otros no, lo ven pero no lo entienden y se niegan a aceptarlo. Así somos.
Estos tiempos lo han hecho evidente, a pesar de que tantos se sigan haciendo los que no se enteran.
Un pequeño y simple ser, un virus vivo pero insignificante, tan poderoso. Como para decirnos : Despierta, no eres el poderoso que crees ser, no lo puedes todo si no te acoges a una ayuda que viene de lo alto. Porque hasta para hallar una vacuna y un remedio no nos bastan la inteligencia, el poder ni el dinero. Todo eso queda empequeñecido. ¿No lo notas? Necesitamos ubicarnos. Por nuestro propio bien, ubicados es menos fácil caer. Necesitamos de Dios.
" Entre los humanos he visto extrañas especies.
El de mal corazón que no agradece, el de peor corazón que odia al que lo ayudó, el cobarde que adula a quien lo maltrata, el cruel que aplaude al dañino, el cínico que se cree centro del mundo, el mentecato que se cree superior, el abusador que quiere imponerse a otros, el convenido que exige que lo consideren justo".
Martha Sialer
Todos somos, de algún modo, los discípulos de Emaús. Todos, alguna vez, nos sentimos con la desesperanza de ellos. Todos tenemos la opción de vivir la experiencia que ellos vivieron.
Tristes, desanimados, frustrados, decepcionados. ¿Quién no sabe lo que son estas situaciones? El camino de Jerusalén a Emaús es un camino de bajada, en lo geográfico y en lo personal.
Y reaccionamos como los discípulos. Perdemos la esperanza, abandonamos o quisiéramos abandonarlo todo, huimos de una situación que nos duele. Pero existe, siempre existe, la ocasión de encontrarnos con el Señor. Él quiere hacerse el encontradizo con nosotros. Él sabe cuando lo necesitamos más. Y no le enoja vernos tristes, desalentados, acobardados. Siempre nos ama y quiere encontrarse con nosotros o, mejor dicho, quiere que lo dejemos encontrarse con nosotros.
Es lo mejor que puede ocurrirnos. Es la salvación. Es vivir de verdad.
Déjalo al Señor que te halle, que te hable, que te muestre su bondad, permítele mostrarte que está contigo, pídele que te done al Espíritu Santo. No te cierres, no te ciegues, no seas bobo creyéndote listo y moderno. Deja el camino de bajada a Emaús y vuelve a subir. No dejes que el Señor siga de largo porque no lo quisiste reconocer y recibir.